Mocos


Dentro del planeta espiritual hay espirituales y espirituales. Los hay que consideran que bastante tienen con su sombra, conocerla, manejarla o invitarla a quedarse calladita cuando procede y los hay que se dedican siempre que pueden y por el loable motivo de ayudar y sanar (una palabra muy querida para ellos) la sombra ajena, a señalarte lo muy mal que estás haciendo las cosas y que claro así luego pasa lo que pasa y no te quejes que es que te la has buscado. Que ya te lo dije, para resumir rápido.


Un espiritual es alguien que cuando le cuentas que tienes un trancazo del diablo, te mira desde sus altas alturas del conocimiento y la sabiduría energética informándote, sin que le hayas preguntado nada, que lo que te sucede no son mocos y fiebre de los normales y corrientes de toda la vida y por todo el mundo conocidos, no; que el origen de tus mocos no es que se te haya colado un aire frío por los pies, sino que estás repleto de emociones verdes y viscosas (como los mocos) a las que no has dado salida y que lo que sucede en realidad, aunque ni lo sepas ni lo compartas, es que tu cuerpo intenta soltar por esa vía incómoda lo que tú, rebelde o cobarde, no has querido o no te has atrevido a hacer como es debido (que es una de las cosas que uno nunca sabe cómo es, lo de “como es debido”, digo).  Total y en definitiva, que hace un juicio sumarísimo y te condena con cara de bondad infinita. 

Que no digo que no tengan razón sino todo lo contrario pero, vaya, que podían ponerse menos por arriba del resto de humanos que nos manejamos como podemos con nuestra humanidad. Que es que parece que cuando te instruyen de esa forma lo que están recalcando es tu imbecilidad. Me parece. Claro que a lo mejor proyecto o cualquier otra cosa de esas que uno hace sin saber que está haciendo. 

No sé, el caso es que al final, donde tenía mocos y punto, nada grave, nada que no se pase con un poco de tiempo y reposo, cositas que tiene el vivir, ahora tengo un problema vital de estructura profunda. Ay!

Karma




Que digo yo que igual no siempre es tan lineal la cosa pero que llega y vuelve, sea en la forma que sea y por los medios que sean.

Aún así: nunca hacer o dejar de hacer por miedo sino (en todo caso) por sentido de la simetría y el justo Orden.

Nada personal, vale, pero muy íntimo y cercano.

Los amos del mundo

 
por Arturo Pérez-Reverte en El Semanal 577, el 15 de noviembre de 1998. (si es que estaba "cantado")

El Zen no es ajeno a nada de todo lo que constituye la vida ya sea sublime o asquerosamente miserable. Este artículo debería estar en otro lugar, por ejemplo en el blog que dedicamos a las cosas de la política-economía: SentidoComún  pero hoy he decidido dejarlo aquí sin más razón que porque sí.

Lo hace llegar unsui a través de... el cual lo recibió de... a través de... hasta remontarnos al autor, un cascarrabias con muchas razones para serlo.


Usted no lo sabe, pero depende de ellos.

Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del ordenador, su futuro y el de sus hijos.

Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.

Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro. Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nobel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, y meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados. Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, oh prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no. Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recae directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia, con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros y a veces con su puesto de trabajo Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena. Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.
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Transcripción íntegra del articulo de Arturo Pérez-Reverte publicado en El Semanal 577, el 15 de noviembre de 1998.

Examen Zen tipo test de elección múltiple

  
repetimos por si hemos aprendido algo desde que empezamos.

Ya advertimos que éste era el círculo interno y algunas veces se pone un poquitín ácido (lo justo, nada de faltas de respeto que eso no es divertido) para compensar el almíbar de ane que cuando se pone dulzona... cómo hace subir la glucemia! (ya lo digo yo misma y así me duele menos, o nada, que si lo señalan los amigos y compañeros, uf!)
.¿Qué haces cuando comes?
- comer
- leer un periódico
- comentar las cosas del telediario
- deprisa si trabajo de tarde, sin hambre cuando he trabajado de mañana o no como si estuve de noche.
.¿Y cuando duermes?
- dicen que ronco
- soñar
- tengo insomnio
- dormir, ¡qué otra cosa si no?!
.¿Cómo se llama el cocinero zen?
- pues... ¡cocinero! digo yo, vamos!
- Juana, Toño, María... yo qué sé, depende de las sesshines!
- tenzo. Lo pone en el cuento del otro día
.¿Qué funciones tiene el godo?
- ¿godo?
- ¿no era “Kodo” Sawaki?
- no caigo en nadie que se llame así
- ns/nc.
.¿Cuáles son los preceptos?
- no robar, no mentir, no matar... mmmh, me parece que me falta alguno
- ser “buena gente” todo el tiempo que pueda
- creo que no puedo jugar a la lotería
- salvar a todos los seres aunque no quieran
.¿Qué lugares no se pueden ocupar en el dojo?
- se puede ocupar cualquier lugar
- el que llega casi-tarde ocupa lo que queda
- me parece que hay que dejarle sitio al maestro
- en el pasillito de acceso al altar no se puede!
.¿Con qué pie se entra en el dojo?
- todo el mundo lo sabe...
- con el izquierdo...
- porque entro descolocado...
- y salgo ¡¡genial!!
.¿Con cuál se sale?
- todo el mundo lo sabe...
- con el derecho...
- porque salgo colocado...
- ¡¡y genial!!
.¿Hacia dónde tienen que mirar mis zapatos cuando los dejo en el gaitán?
- gaitán... me suena que a la derecha
- ¿o era a la izquierda?
- ¿a la derecha o a la izquierda de dónde?
- listos para meter los pies según sales y... a la fiesta final!!!
.¿En qué idioma está escrito el hannya?
- el Hannya de toda la vida o el de Dokushô...? El de Dokushô me han dicho que en castellano
- en chino, a mí me parece que en chino mandarín.
- son kanjis ¡so bobo! y...
- los kanjis no se escriben, se dibujan
.¿Cuántas puntadas tiene un kesa?
- pues... no las he contado!! ¿Había que contarlas?!!!
- muiso me ha dicho que una media de quince mil tirando por lo bajo
- perdí la cuenta después de la segunda banda
- muchas
.¿Qué distancia máxima tiene que haber entre una y otra? ¿Y mínima?
- poca en ambos casos
- espera que mido el mío que sí lo dieron de paso
- como pasitos de hormigas la máxima y que quepa un pelo la mínima
- depende de sanghas. Lo sé de buena tinta
.¿Lo miden todo para darlo por bueno o vale que sea “más o menos”?
- suelen tener compasión
- solamente miden las puntadas que “sale de ojo” que están muy separadas
- miden más bien las bandas y eso
- pero no os han dicho que el zen es exacto!!!
 .¿Vale usar tela de cualquier color para el rakusu o el kesa?
- pues no
- pues no
- pues no
- los estampados están prohibidos
.¿Por qué nosotros no tenemos anillo en el rakusu, es que somos negros? (con perdón, tan solo es una expresión. Si eres negro puedes preguntar: ¿es que somos blancos? Si eres amarillo o rojo puedes preguntar por el color que te dé la gana.)
.Qué es mejor ¿ser soto o rinzai?
- es zen de todos modos
- los rinzai son más intelectuales
- depende...
- los rinzai se iluminan despacio y los soto tenemos suficiente con sentarnos!
.¿Por qué es malo ser hinayanna?. A todo esto, ¿sabías que eres mahayanna, no?
- los mahayanna somos como más solidarios
- los hinayanna van en un coche pequeño, monoplaza
- si eres tímido, mejor te haces hinayanna
- sí, sé que me he apuntado a un autobús muy, pero que muy, grande y ¡tan feliz de compartir!
.¿Puedo ser asesor del presidente si practico zazen? ¿Y presidente de un banco? ¿Y tener una cadena de discotecas?
.¿Se puede coser un rakusu para otro?
.¿Y un kesa a máquina?
. ¿Y si algún voto no me gusta ¿puedo saltármelo o tengo que firmar todos obligatoriamente?
- todos
- no es cuestión de gustos
- yo lo digo y luego hago lo que puedo
- nunca he firmado nada pero si hay que firmar se firma y punto.

 Si tienes otras respuestas o conoces las auténticas... cuéntanoslo, por favor, nos reiremos todos.


¡¡Nos gusta tanto reírnos!!

También estaremos encantados de recibir ese tipo de preguntas, ya sabéis, un poco... "así"...

Aclaración


   

Claro que, por la misma regla de tres, no me queda más remedio que hacerme responsable de lo que entiendo. Que a lo mejor lo procesé demasiado deprisa o apliqué mis sesgos particulares...

Y si no, preguntar antes de decidir que no estamos de acuerdo. Por si acaso fueran innecesarios los malos entendidos que no hacen más que separar lo que,de natural, está junto y unido.


Deshimaru y Sawaki, murieron......

 
... y tantos otros......

Y entonces, cuando se nos mueren los maestros, habrá que hacer lo que caiga de nuestra parte, aunque carguen  nuestros hombros; cosas que alumbren nuevas vidas que mantengan y cuiden lo antiguo, tan querido, tan  de veras. Tan imprescindible.

Habrá que terminar lo que empezaron................


Ésta, también, te la debo, Mar :)

El corazón manda


   
Cuando a él se le hizo una herida grande en el corazón, tan grande que casi lo mata, lo asistieron todas las brujas, sanadoras y curanderas de la zona. Unas le prestaron su fuerza, otras le limpiaron el aura y otras le auguraron una larga y feliz vida a pesar de todo o precisamente por eso. Acertaron todas. Por sanadoras o por casualidad.

A ella, testigo impotente de esta aventura sólo hasta cierto punto ajena, le pasó que pasó a sentir la vida como desconocida; que le parecía que los días se desgranaban cada uno con sus pequeños acontecimientos, risas y sonrisas de siempre y todo parecía que seguía igual, y sin embargo todo era distinto, como si estuviera hecho de una materia más leve y ligera a la que no terminaba de acostumbrarse.

Y comprendió algunas cosas y no del todo.

Comprendió, por ejemplo, que la vida y la muerte eran algo para ser observado despacio y sin juicios ni previos ni posteriores. Porque desde siempre le habían dicho (y lo había creído como creía todo cuanto la decían, mujer de mucha fe) que la muerte era mala y a ella, ahora, le parecía que a lo mejor no era para tanto. No quería decirlo en alto porque en cuanto se lo decía a sí misma el pensamiento se le volvía angustia. Pero si se callaba y dejaba que hablaran sus sensaciones, entonces le parecía que morir no era más que un paso (como él le había confesado cuando estaba a medias tintas) y que lo malo de irse era que los de verdad compañeros de vida lo hacían difícil llorando y desesperándose y sumiéndose en esa soledad triste que no es la soledad normal y corriente.

Comprendió un poco de lejos -porque después de todo la muerte finalmente no se lo llevó- la importancia de saber despedir, hasta la vista, a quienes se ama. 

Aún con todo y con eso, sus propias sensaciones la asustaban porque pensaba que no tenían la veracidad completa y obvia de la tormenta que llueve, por ejemplo. Y pensaba que, de todos modos, no tenía ninguna intención de que él muriera antes que ella, ni después, si a eso vamos, mejor juntos para echarse una mano en los mundos desconocidos. Y sospechaba que si se ponía un poco arrogante con eso de que al fin y al cabo la muerte no era tan espantosa, igual a los dioses se les ocurría ponerla a prueba y ella tenía mucho miedo a los dioses cuando se ponían en ese plan, que bien se sabe que pueden ser crueles hasta decir basta. 

Sin embargo y a pesar de todos esos sentimientos encontrados y mezclados como si fueran un puzzle antes de empezar a montarlo, a ella le seguía pareciendo que el mundo, el tiempo y las cosas habían cambiado de sustancia y estaba sorprendida, confusa y como demasiado ligerita para su gusto. Porque además, claro, eso lo decía ella que después de todo no había pasado rozando la muerte como él. Y, claro, así es muy fácil hablar y filosofar, ¿no?, que ya lo decía una vieja frase de una vieja poesía que  había aprendido hacía mucho tiempo: “... porque ser hombre obliga compañero a que lo dicho lo tengas que hacer luego verdadero”. Y ahí estaba la madre del cordero, o la cuestión fundamental, vaya. Que hablar es fácil, pero hacer… o sea lo que se dice que la palabra se haga carne... eso ya es harina de otro costal. Y entonces lo miraba con ternura porque en ese tiempo su compañero estaba lo que se dice pero que bien tocado en el centro mismo de su ser: el corazón. O, como él decía, el Emperador, que es que tenía la costumbre de hablar de las cosas como hablan los chinos y su medicina y ellos decían que las enfermedades del Emperador no se ven hasta que estallan. 

Y es verdad, pensaban los dos sin saber que lo estaban pensando al tiempo, que cuando el corazón dice “me aburro”, que es lo que viene a ser un infarto, hay que hacerle caso y empezar (y seguir) a cambiar cosas para que no se repita la tontería si es que uno no quiere que se repita.

El caso es que él salió a los no muchos días y aparentemente normal del todo, tanto que parecía que no había pasado nada, pero sí que había pasado y durante un tiempo largo se lo pasó cuajadito de miedo y sin apenas fuerzas para moverse no fuera a ser que le pidiera demasiado al motor de su vida y se le volviera a atascar. Hasta que dale que dale, terco, a mirar en dónde se había equivocado, lo descubrió. En fin. Que no fue un final sino un principio. Ahí fue que empezó a vivir como su dios de dentro le mandaba y hasta hoy.
  

caracol(a)


   
Dios mío, dame paciencia... Pero dámela ¡YA! (Les Luthiers)

He decidido convertirme en caracol.

No puede ser ver tan deprisa las entradas de los blog, apenas olfatear el aire que tienen y hacer un click rápido en el “me gusta” sin haberme parado a pensar que vale que puede que sea resultón y hasta espiritual o políticamente correcto pero que más allá de eso es una solemne tontería inaplicable o incluso falsa o que no estoy de acuerdo de momento. O sí... sin apreciar tampoco el esfuerzo que alguien hizo de pensarlo, escribirlo y maquetarlo.

He decidido escuchar completamente un argumento, una experiencia o incluso una y mil quejas si fuera necesario y darme un minuto lento para pensar y responder. O no hacerlo y dejar las palabras suspendidas en el aire por toda la eternidad.

Y hablando de eternidad, he decidido que es mi casa y que la voy a llevar a cuestas y como todo lo puede la voluntad soberana porque para eso la voluntad es soberana...

He decidido ser lenta, yo precisamente (qué cosas!), que tengo a mercurio por dios regente, el más rápido de cuantos haya por el universo conocido, tanto que dicen que una vuelta de mercurio al sol (o sea un año) es más rápida que una vuelta sobre sí mismo (o sea un día). Curioso.

Y ya puestos a divagar, me doy cuenta de esta cosa maravillosa y contradictoria (porque le he dedicado su tiempecito a darle vueltas -ventajas de estar convirtiéndome en caracol-) que es que los mercurianos (dicen) seamos rapidísimos en todo: en llevar y traer, en ir y venir, en descubrir lo que no cuadra, en inventar soluciones y tener ideas a millones y sin embargo seamos los más lentos en evolucionar. Tal vez sea por eso que tardamos tanto en completar una vuelta alrededor de nosotros mismos que viene a ser tanto como decir:  desarrollarnos y cuajar en actos... o algo así.

Me he ido por las ramas, cosa que nos encanta a los caracoles (sobre todo si además somos caracolas) igual que nos encanta sacar los cuernos al sol y regodearnos en el aparentemente estúpido hecho de recibirlo sin más nada que recibirlo que para eso alumbra y calienta.

He decidido tener pocas cosas que hacer y para eso también me he puesto a pensar con calma de cuáles puedo prescindir sin llamar la atención excesivamente que tampoco es cosa de ser la rara del barrio. Pongamos por ejemplo el cálculo de beneficios de los intereses de mis múltiples cuentas en los diferentes bancos por si acaso el corralito y el estudio de las ofertas y productos de todos ellos... una carrera, hace falta tener una carrera de economista...! o la ropa que tengo que cambiar todos los días porque no se me puede ver siempre con el mismo atuendo, o todas las películas que hay que ver... no sé, últimamente la multiplicidad se me está haciendo excesiva y excesivamente rápida. Así que........ caracol(a)